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04/04/2026 Perfil.com - Nota
Mamarrachos Jorge Fontevecchia - Cofundador de Editorial Perfil - CEO de Perfil Network. Cuando el resultado de una elección costosa no es tan positivo como se esperaba se produce una contradicción interna en forma de disonancia cognitiva. El malestar es doble por la insatisfacción y la culpa de haberlo elegido. La primera respuesta del organismo es el ‘esfuerzo de justificación’: convencerse de que el objetivo vale la pena, aumentando la valoración del mismo. Es la negación, primera etapa de todo proceso de duelo. Luego la energía emocional invertida en reprimir la disonancia cognitiva es tan costosa que termina resultando más conveniente asumir la pérdida y reconocer la realidad. En este tránsito esta gran parte de los argentinos que inicialmente tuvo que investir la violencia de Javier Milei de virtudes como determinación y coraje, y la excentricidad de su inexperto entorno en señal de renovación y modernidad. Cuando cede el efecto ilusorio del ‘esfuerzo de justificación’, los ojos vuelven a registrar lo real y recién allí se ve al rey desnudo y mamarrachos a sus pajes. Es la acumulación de realidad que finalmente perfora la coraza que inhibía el escepticismo. Una tras otra las evidencias demuestran que se trata de un llamativo conjunto de componentes mal preparados para su función. Que Manuel Adorni sea Jefe de Gabinete, que Lilia Lemoine presida la Comisión de Juicio Político, que Juliana Santillán presida la Comisión de Relaciones Exteriores (confundió al embajador de República Checa con Checoslovaquia), o la secretaria de la Presidencia, como tituló la revista Noticias: “la causa principal de todos los pecados” , acredite tan pobres antecedentes para su función y aparezca recurrentemente en investigaciones judiciales de casos de corrupción, comienza –por acumulación– a demostrar que en realidad es Javier Milei el carente. Y, peor aún, que los carentes son los ciudadanos que él preside. El ‘esfuerzo de justificación’ de los electores retroalimenta su futura decepción porque los elegidos al verse en ese espejo distorsionado llenos de valores y virtudes, lo creen real perdiendo sus propias inhibiciones. La semana pasada la orquesta de los Granaderos a Caballo realizó un homenaje musical como regalo de cumpleaños a la secretaria de la Presidencia ejecutando en el Patio de la Palmeras las canciones Mamma Mía, Dancing Queen y Chiquitita del cuarteto sueco ABBA , preferido de Karina Milei. Creerse dueños de los Granaderos desemboca en creerse dueños de la marca Presidente que llevó a $Libra. Esa sensación de impunidad irradia sobre los ministros más cercanos haciéndole creer al Jefe de Gabinete que puede comprar un departamento registrando la transacción a la mitad del valor de mercado. La voracidad económica de la secretaria de la Presidencia y del Jefe de Gabinete transmite un hambre material inmanente propio de una ambición de clase media superior altamente insatisfecha. Es estéticamente más chocante que el prejuicio atribuible al puntero peronista que al acceder al poder se empacha de vulgares símbolos de lujo. En el caso de Lilia Lemoine y Juliana Santillán, su voracidad insaciable pareciera ser de protagonismo extrovertido, pero más allá de ellas algo dice de un gobierno que elige a este tipo de personas para presidir –nada menos– que las comisiones de Juicio Político y Relaciones Exteriores. Pero hay un invariable que unifica a los cuatro citados en esta columna que es la falta, el agujero existencial, la búsqueda de dar un salto personal, lo que aunque en otra dimensión también comparte un Presidente influencer. Votar bien, votar mal. ¿Y qué dice de la sociedad que eligió a estos caracteres para su propio gobierno? Varios análisis son posibles, uno que la democracia es un ejercicio de aprendizaje y la sociedad tenía que pasar por la experiencia de un absoluto outsider para revalorizar las estructuras y el profesionalismo. Otro es que la sociedad con su propio sacrificio le impone a la primera minoría política: el peronismo, su propio proceso de aprendizaje con dos resultados posibles: renovación o insignificancia (purgatorio de la extinción). E, independientemente de la ideología, tanto los votantes como los poderes fácticos, una reflexión práctica sobre el cómo, sobre la praxis, lo operacional, no ya el rumbo –llevándolo al extremo sea cuál fuere– sino sobre la forma de implementarlo: si drásticamente o pausadamente, la gran disyuntiva sea de derecha o izquierda entre revolucionario versus reformista, si shock o gradualismo. El octubre ganador de LLA de su primavera quedó muy lejos, incluso el febrero de su verano legislativo con la aprobación de leyes en extraordinarias. Llegó su otoño y con el síndrome del tercer año de todo gobierno que no parece lograr ser reelecto. Quizás no quede disfraz que oculte su desnudez. -------------------------------- Continúa mañana: Gradualismo versus shock Imagen: perfil.com
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