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15/03/2026 La Nación - Nota - Internacionales - Pag. 36

Una ardiente guerra fría
Jorge Fernández Díaz

Ace ya varios años que el empresario de sonrisa fácil sale en la lista de Forbes. Las imágenes de su dossier reservado revelan la impresionante dispersión internacional de sus negocios y lo muestran haciendo gala de una elegante obesidad, rodeado siempre por colegas encumbrados, diplomáticos de todas las embajadas y políticos de todas las líneas. Cálgaris lo llama, desaprensivamente, el Gordo, y explica en petit comité que su modus operandi lleva décadas: "amañadas y caza en el zoológico, pero cuando alguna administración nacional detecta sus cartelizaciones y las desarma, comienza a operar a través de terceros contra la estabilidad cambiaria y a financiar tempranamente las campañas electorales de la oposición: su ambición suele llevarse mejor con el populismo de izquierda que con sus contrincantes, pero lo suyo no son los ideales, sino la voracidad. "Sé lo que hiciste el invierno pasado", le advirtió el gobierno libertario cuando, luego de aplicarle un freno, el Gordo de Forbes repitió sus artimañas. A esa andanada oficial respondió con la misma ansiedad que un lobo marino de piedra frente a las olas furiosas de la Bristol. Nuestro socio tiene la orden de que estas maniobras no se reiteren o al menos de que no resulten gratuitas: la Argentina es ahora "país de interés estratégico" para los norteamericanos, y estos actúan bajo la consigna de tratar como propios a los enemigos de su flamante amigo. "No sé qué tiene en mente", lo interroga el coronel. El hombre de los lentes de metal dice: "Le haremos saber que pondremos en marcha una investigación patrimonial en los Estados Unidos y que hasta su visa y las de su familia estarán en riesgo". Cálgaris se arrellana en su sillón, pensativo, y le apunta con su pipa. "El Gordo tiene muchos contactos en su país, aunque principalmente entre los demócratas –indica–. Y luego, por supuesto, está todo ese asunto de los ingleses". Sospechamos, aunque jamás lo pudimos probar, que es un "agente de acceso", alguien que colabora con el MI6, aunque no como espía orgánico, sino como contact man y discreto anfitrión, puerta de entrada a todo el establishment: gente de la banca, la política y la cultura que los británicos necesitan conocer, frecuentar y eventualmente espiar en algún caso. El señor del Partagás parece sorprendido, descabalga su pierna, vuelve a encender su cigarro: "Los objetivos geopolíticos son actualmente divergentes, al menos en estas latitudes, con nuestros primos hermanos". Cálgaris asiente con la cabeza: "También creemos que el Gordo subvencionó de manera indirecta ciertas actividades que de lejos parecen... progres y altruistas". "¿Cómo qué? "Apoyó con fondos a mucha gente influyente que formaba consensos y que, aprovechando el descrédito de la dictadura militar, propiciaba consciente o inconscientemente la idea de desmantelar por completo las Fuerzas Armadas. Un PBI de 0,7 para la defensa es el reaseguro de que los aviones no vuelen, los buques no naveguen y los fusiles no disparen". El coronel gira la cabeza y me mira con sorna: "Acá Remil, como buen excombatiente, le dirá su teoría, que es un tanto conspiranoica". Pero yo me mantengo en prudente silencio. "Los ingleses y la progresía tenían intereses concurrentes –dice cuando se da cuenta de que yo no muerdo el anzuelo–. Y los locales no tenían por qué estar al tanto de esa extraordinaria coincidencia. Sería muy gracioso si alguna vez se desclasificaran esos papeles y se comprobara que prohombres de la "emancipación" eran bancados por el imperio". Se ríe con ganas y exhala una bocanada de humo con olor a cherry: una combinación de Virginia suave con un toque de Burley. Y me vuelve a señalar: "Acá Remil cree que hubo una intensa guerra fría después de Malvinas y que los británicos siguen operando con ecologistas, científicos, pueblos originarios y todo aquel que permita dilatar la explotación petrolífera, minera y pesquera". Nuestro socio cala pensativo su labano: "¿Y usted qué piensa, coronel?" Cálgaris se toma unos segundos antes de contestar: "La primera parte es cierta, aunque con matices –arranca–. Tenían que desarmarnos, eso es obvio. La segunda parte es dudosa. Detrás de algunos episodios violentos en la Patagonia había plata de ONGs indigenistas, pero más de franceses que de británicos. Usted sabe cómo son los franceses. Ahora bien, tendemos a ver todo como una gran conjura de la pérfida Albión, y a encubrir con ella nuestros propios errores y estupideces". De repente no puedo con mi genio, lo que es raro, y le recuerdo al yanqui la Operación Quito: "La filtró Snowden. Espionaje a militares y dirigentes argentinos con manipulación mediática incluida. Fue entre 2006 y 2011. Cinco años". Busco en mi celular para ser más preciso y leo textualmente en voz alta: "El objetivo era infiltrar personas en las redes sociales generando información y fuentes apócrifas, contactándose con periodistas, operando en foros, haciéndose pasar por argentinos para inclinar la opinión pública local a favor de los ingleses". Agrego de mi cosecha: "Nunca dejamos de ser una amenaza y un foco de conflicto. Nunca. La guerra continuó por otros medios". El viejo se encoge de hombros, más cerebral: "Los ingleses ya aprendieron, después de tanta decadencia autoinfligida, que somos inofensivos, pero nos siguen vigilando. Yo haría lo mismo". Pienso: una cosa es vigilar y otra boicotear. Pero me callo porque no quiero desautorizarlo, y porque admito que para mí es un tema muy sensible y me nubla la emoción. El desenlace no me deja bien parado. Nuestro socio se comunica con el empresario en cuestión, almuerzan a puertas cerradas, y dos semanas después van de cacería juntos a La Pampa: ciervo colorado, confidencias y negociaciones incompatibles con la ética. Al regresar, un lunes de tormenta, el director de la agencia nos asegura que el empresario de sonrisa fácil hará algunos gestos de buena voluntad. Por empezar, viajará a Washington para entrevistarse con un alto funcionario de Trump. Después se reunirá en Buenos Aires con un asesor fundamental de Balcarce 50 y ofrecerá alguna suerte de "indemnización económica" por los daños ocasionados, aunque no se sabe todavía de qué naturaleza será: inversiones, declaraciones públicas a favor del "modelo" o aportes de campaña. O todo junto, porque está comprando salud y porque por primera vez tiene miedo. Finalmente, envía un regalo inesperado a Leandro Cálgaris, porque sabe que es baquiano en esta temporada de gringos y porque algo han hablado con el señor del Partagás mientras buscaban un ciervo. Es un documento confidencial con los sellos correspondientes donde se detallan todas las acciones de Inteligencia que el Reino Unido llevó a cabo en territorio nacional desde 1982. Páginas y páginas en papel y también en versión digital, dentro de un pendrive. "Su situación con la embajada quedó comprometida y es un tema delicado que se tratará en el más alto nivel entre las dos agencias o entre los dos gobiernos", se adelanta nuestro socio, quitándose los lentes y limpiándolos con un pañuelo. Cálgaris está tentado por toda la situación, pero principalmente por ese texto que recorre con asombro y taquicardia. Se tira hacia atrás y se despereza, y a continuación me golpea afectuosamente la espalda. Después se vuelve hacia el yanqui y le dice: "Un retirado del MIG a quien le decíamos Departamento Falklands, quiso vendernos este papelito hace unos años. Pedía una fortuna. Averiguamos que tenía problemas con el juego y el alcohol y que se había vuelto muy poco fiable para sus camaradas. Se ve que fue más sencillo vendérselo a un multimillonario que necesitaba un reaseguro. ¿Cuántas pinturas truchas, con esa misma ignorancia y liviandad, se habrá comprado el Gordo?". Nosotros abrimos grande los ojos. "El documento es totalmente falso –suelta Cálgaris–, aunque diga la verdad". El hombre de los lentes de metal dice: "Le haremos saber que pondremos en marcha una investigación patrimonial en los Estados Unidos y que hasta su visa y las de su familia estarán en riesgo".

Menciones: Forbes, MI6, Trump, Balcarce 50, Leandro Cálgaris, Partagás, Reino Unido, Falklands, Gordo


#52978709   Modificada: 15/03/2026 03:19 Superficie artículo: 930.16 cm²
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