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01/03/2026 La Nación - Nota - Economía - Pag. 43 [noticia en diferido]

Por qué Milei insulta a los empresarios
Joaquín Morales Solá

Es raro que un presidente crea en el libre comercio y en el mercado como único árbitro de la economía, pero al mismo tiempo desconfíe de los empresarios. A tres de ellos volvió a insultarlos y ofenderlos. Un caso especialmente extraño es el de Paolo Rocca, el industrial más importante del país, porque este viene de librar una batalla perdida (por él) con otros empresarios por la fabricación de caños para transportar gas desde Vaca Muerta hasta Río Negro. Son así 500 kilómetros. De ese conflicto por la provisión de una cantidad monumental de caños participaron Rocca, que se presentó en el concurso de precios; la familia Bulgheroni, que forma parte de la empresa que construye el gasoducto y que eligió, liderando una mayoría accionaria, a una empresa india para la provisión de los tubos, y Marcelo Mindlin, que votó en minoría dentro de ese consorcio de empresarios para darle otra oportunidad a Rocca de ofrecer mejores precios. El problema nació y se resolvió exclusivamente entre empresarios privados.
El Estado no tuvo arte ni parte en ese diferendo. Un empresario tenía el derecho de ofrecer el precio que creía justo, y los otros empresarios tenían el derecho de aceptar el precio que consideraran más conveniente. Sin embargo, desde que se conoció la resolución de ese concurso privado de precios, Javier Milei viene azotando a Rocca con desdeñosos apodos. Devoto del bajo perfil, Rocca se limitó a recordar públicamente que su empresa, Techint, invirtió en el país 1400 millones de dólares en 2024 y 1600 millones en 2025; anunció que prevé una inversión de 2400 millones de dólares para 2026. El mercado mundial de la siderurgia atraviesa una situación de exceso de capacidad productiva. Los empresarios siderúrgicos norteamericanos y europeos culpan de esa realidad a la competencia de los países asiáticos, que, según ellos, no cumplen con las reglas del mercado. El Washington de Donald Trump le aplicó aranceles del 50% a las importaciones de acero y aluminio (no lo modificó la reciente resolución de la Corte Suprema que limitó el poder presidencial), y Europa estipuló entre cuotas y aranceles un porcentaje idéntico para esas importaciones. Canadá y México fijaron aranceles de entre el 35 y el 50%.
Si un presidente tan pendiente de la economía nacional y mundial prescinde de esa información esencial, ¿por qué lo hace? ¿Qué lo llevó de nuevo a enfrentarse no solo con Rocca, sino también con el dueño de la cerrada fábrica de neumáticos Fate, Javier Madanes, y con el CEO de la distribuidora de llantas Neumen, Roberto Méndez? Madanes y Méndez son casos distintos de los de Rocca, porque aquellos vendieron sus productos en el contexto de una economía argentina cerradísima y excesivamente protegida. Cualquiera recuerda los tiempos recientes en que los neumáticos costaban tanto como un auto. Méndez intentó seguramente quedar bien con el Gobierno recordando que les "robamos" mucho dinero a los argentinos con el precio de los neumáticos durante el kirchnerismo. Milei no lo perdonó y, por el contrario, lo tomó como ejemplo de los empresarios "corruptos". En cambio, una de las empresas de Rocca, Tenaris, exporta el 70% de la producción de su planta en Campana.
Otra vez: ¿por qué el Presidente prefiere denostar a los empresarios que pueden crear empleos? ¿Por qué, en un país que necesita la inversión privada para salir de la estanflación? ¿Por qué, en un país donde 270.000 empleados, entre privados y estatales, perdieron su trabajo en los últimos dos años? 170.000 trabajaban en la actividad privada, ya sea en la industria o en el comercio. Según fuentes oficiales seguras, nadie le aconsejó al jefe del Estado que emprendiera esa cruzada contra los dos de los más grandes empresarios argentinos, Rocca y Madanes. Fue una iniciativa solo de él, y fue solo él quien la puso en práctica. Esas voces del oficialismo deducen que Milei, que sabe leer los datos de la economía, conoce que el consumo no crece y tampoco la actividad económica.
"Estamos en estanflación, y es mejor que la culpa la tengan los empresarios antes que el Gobierno", infieren esos funcionarios. Una clase magistral de populismo. ¿O, acaso, Cristina Kirchner no denunciaba siempre una conspiración de los banqueros cuando subía el precio del dólar? ¿O alguien olvidó que Néstor Kirchner culpaba de la inflación a las góndolas de Coto? Sucede que en 2024 y en 2025 el ajuste lo hizo el Estado; ahora lo está haciendo el sector privado.
El país que conocieron los argentinos no es el país que imagina Milei. La buena noticia es que la mayoría de los empresarios reconoce ahora que es necesaria la integración con el mundo. En tal sentido, fue importante que el Congreso argentino haya sido uno de los primeros en aprobar el tratado de libre comercio con la Unión Europea entre los países que lo firmaron; fue, sobre todo, un síntoma de que la política también dejó de creer en la sustitución de importaciones y de que se puede "vivir con lo nuestro".
La frase que instaló Aldo Ferrer en los años 70 y que marcó la economía nacional durante más de 50 años, aunque el extraordinario proteccionismo del Estado al empresario argentino -debe reconocerse- empezó mucho antes. La inflación no bajará significativamente en los próximos meses por
que todavía falta que se terminen de actualizar los precios relativos, como las tarifas, los comestibles, el dólar y los salarios. "Hay que tirar la pelota de la culpa hacia otro lado", defienden al Presidente.
Es cierto que algunos empresarios dicen estar de acuerdo con la política económica de Milei, pero no quieren que cambien las reglas de su rubro. "Con la mía, no". Es la famosa frase que ya denunciaba Mauricio Macri cuando era presidente. Pero se trata solo de algunos empresarios, no de todos. La mayoría reconoce que se está viviendo una transición entre un viejo modelo que fracasó y un programa nuevo que no mostró todavía todos sus resultados. El propio Rocca señaló en su única declaración pública que "la Argentina debe abrirse al mundo y nosotros apoyamos este proceso", pero subrayó que "la forma en la que nos abrimos nos parece muy importante". No habló tanto de la carga impositiva argentina como de defender la industria nacional ante la "competencia desleal". Aquí y en el mundo, cuando se habla de "competencia desleal", se está hablando de China sin nombrar al gigante asiático. Un discurso muy parecido a ese que los industriales argentinos tiene Trump cuando se refiere a China. Milei no enoja ni toma distancia de Trump por sus ideas proteccionistas. Llama la atención que ninguna organización empresaria haya salido hasta ahora a protestar por los nuevos gravámenes presidenciales
a
renombrados dueños de empresas. "¿Vamos a gritar
todos los días a reclamar por los insultos del Presidente?", pregunta retórica e irónicamente uno de los
líderes empresarios.
Esperan, por
tanto, un destino de tuits diarios y
agresivos de parte del jefe del
gobierno.
Es lo que hay.
Según varios economistas, entre
el crecimiento del primer semestre
de 2025 y el estancamiento del se-
gundo semestre, el crecimiento de
la economía en los dos años de Milei
fue cero. Nadie cuenta a 2024, porque fue el año del ajuste que
llevó
a la economía argentina de un déficit
de más del 7% del PBI (el que dejaron
Alberto Fernández y Sergio Massa)
al superávit de las cuentas públicas.
El mayor problema de las empresas argentinas no son las importaciones,
sino la caída del consumo. De acuerdo
con un estudio de Guillermo Oli-
veto, en 2024 el consumo, en cifras
redondas, cayó comparado con 2023
el 14%, y en 2025 creció solo el 2,5%.
En síntesis, el consumo está aún 11,5
puntos por debajo de 2023, antes de
la severa política de shock que aplicó
Milei para ordenar los números del
Estado. Una parte muy numerosa de
las pequeñas y medianas empresas
están trabajando solo al 40 o al 50%
de su capacidad productiva. Por eso,
todos los días hay noticias de alguna
empresa que cerró; nadie contabilizó
todavía la cantidad de comercios que
dejaron de existir. En la reconversión
de un esquema económico a otro
siempre doloroso para muchos-,
los sectores más beneficiados en los
años de Milei fueron la producción
agropecuaria (la cosecha total de
granos de la campaña 2025/2026 es
una de las mayores de la historia) y
la de petróleo y minería. En cambio,
chocaron contra un muro sombrío
la industria, la construcción y el co-
mercio. Estos últimos sectores de la
economía son los mayores creadores
de empleos, y son los que peor están.
Esa economía dual es la que explica
tan distintos y contradictorios entusiasmos sociales.
Pero, ¿quieren realmente los empresarios un modelo de apertura
de la economía argentina? Mere-
ce estudiarse el caso, aunque Milei
camina sin vacilaciones hacia ese
paradigma. Uno de los dirigentes
empresarios más importantes se
quejó porque el debate económico
argentino fue binario durante déca-
das: apertura total o proteccionismo
defensivo. El "mundo real" es otro,
suele decir, y agrega: "La integración
inteligente (al mundo) es la que com-
bina comercio, desarrollo producti-
vo y generación de empleo". Dicho
de otra manera, la verdadera opción
para los empresarios es la sustitu-
ción de importaciones o adaptarse
a una economía nueva y diferente.
"La mayoría hemos dejado atrás el
mor por la sustitución y preferimos
adaptarnos, pero el Estado tiene que
hacer también su contribución. No
se puede competir con sistemas
estatales distintos", razona otro di-
rigente empresario que prefiere el
anonimato. Milei ratifica a diario su
política, pero solo hace menciones
generales a una reforma impositiva
que no llega. Esa reforma es impres-
cindible para alentar la inversión.
Oliveto, un especialista en consumo
y en olfatear el estado de ánimo
social, suele recalcar que el con-
sumo y la marcha de la economía
están "disociados" de la imagen de
Milei. Refiere a que el Presidente
conserva, a pesar de todos los pro-
blemas de la economía, la simpatía
(o la esperanza) de cerca de la mitad
de los argentinos, según la mayoría
de las encuestas de opinión pública.
Es seguramente la consecuencia del
enorme fracaso del kirchnerismo
que lo precedió durante 16 años, y
que lo acorraló a Macri cuando este
fue presidente. Ahora, hasta la oposi-
ción del peronismo razonable o del
radicalismo o de Pro está dispuesta a
Acompañar las políticas fundamen-
tales de Milei, como se vio en días re-
cientes en el Congreso con el tratado
de libre comercio con los europeos,
con la ley de glaciares, con la imputa-
bilidad de menores y con la reforma
laboral. Una única y extraña excep-
ción fue la de Miguel Ángel Pichetto,
quien se reunió con Cristina Kirchner
y le propuso unir al peronismo
en un programa "centrista" para en-
frentar a Milei en las elecciones pre-
sidenciales del próximo año.
Es lo mismo que hizo Alberto Fer-
nández en vísperas de las elecciones
de 2019; debe reconocerse que el ex-
presidente kirchnerista convenció
entonces de la necesidad de la uni-
dad a una lideresa imponente en
las urnas. Pichetto le habló ahora a
una dirigente en irreversible deca-
dencia, presa en su casa por delitos
de corrupción y con la prohibición
permanente para ejercer cargos
públicos ordenada por la Justicia.
Antes, cuando era rionegrino, Pi-
chetto pasó de disciplinado jefe del
bloque kirchnerista -en el apogeo
del kirchnerismo- a negociar con
Alberto Weretilneck, gobernador
de Río Negro y líder de un partido
provincial, la continuidad como se-
nador nacional, pero esa estrategia
fracasó por una decisión de la Corte
Suprema. Luego, se acomodó bajo
el ala de Macri y hasta aceptó ser
su candidato a vicepresidente en el
perdidoso intento de reelección del
expresidente en 2019. Pero en 2023
volvió a ubicarse a la sombra de
entonces Cambiemos y fue elegido
diputado nacional por la provincia
de Buenos Aires, donde vive ahora.
Y como diputado, se alejó de Cam-
biemos y de Pro. Su actual mandato
como legislador nacional vencerá
el próximo año. Su regreso al ma-
drinazgo de Cristina Kirchner tiene
entonces una explicación, por más
inexplicable que sea.


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