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25/11/2025 BaeNegocios.com - Nota
Antes de la reforma: un mercado de trabajo más precario y desigual: heterogeneidad del empleo en Argentina Paridad en la Macro Por Cecilia Galarza y Luciana Rolón La recomposición del mercado laboral argentino durante los últimos dos años exhibe un patrón claro: el empleo de mayor calidad se contrae mientras crecen —aunque ya se desaceleran— las formas más precarias de ocupación. La estructura ocupacional se reconfigura de manera regresiva, profundizando brechas territoriales y de género que, si bien no son nuevas, se acentúan. Entre 2023 y 2025, el empleo asalariado registrado cayó tanto en el sector privado (-1,8%; -113.619) como en el público (-1,9%; -65.918), y el trabajo en casas particulares registró una contracción aún mayor (-4,0%; -18.603). En contraste, los trabajadores independientes crecieron 5,0% (+122.522), aunque con una baja en la última medición (-0,4%; -10.563), señal de enfriamiento. Una década de estancamiento del empleo privado formal En perspectiva de largo plazo, entre 2015 y 2025 el empleo público aumentó 10,4% y el monotributismo y el trabajo autónomo crecieron 37,7%. El empleo privado formal prácticamente no varió (+0,3%) y el trabajo en casas particulares se redujo (-0,5%), reflejando una expansión sostenida de ocupaciones no asalariadas en detrimento del empleo de mayor protección. En términos absolutos, hacia mediados de 2025 el empleo asalariado privado alcanza 6,24 millones de puestos, el público 3,41 millones, los trabajadores independientes 2,55 millones y el empleo en casas particulares 443 mil. La pérdida de peso relativo del empleo asalariado y el avance del trabajo independiente evidencian un traslado de los costos de la formalidad hacia los trabajadores, en un contexto de ajuste fiscal y caída de la demanda agregada. Un mapa territorial La dinámica territorial muestra un retroceso casi generalizado del empleo privado entre noviembre de 2023 y julio de 2025. Solo Neuquén (+5.100), Mendoza (+3.700), Tucumán (+1.300) y Río Negro (+230) generaron empleo, sumando apenas 10.300 nuevos puestos. Las mayores caídas se dieron en Buenos Aires (-38.100), CABA (-23.400), Córdoba (-10.100) y Santa Cruz (-8.900), con una pérdida conjunta que supera los 80.000 puestos. Las provincias que crecieron lo hicieron principalmente por actividades vinculadas a la agricultura, la pesca, el petróleo, el gas y la minería, y sus industrias asociadas. En cambio, las mayores contracciones se registraron en manufactura y construcción, sectores intensivos en empleo formal y fuertemente ligados al mercado interno. Santa Cruz aparece como excepción parcial: pese al dinamismo extractivo, la fuerte caída de la construcción explica buena parte de la pérdida de empleos. Brechas de género que se profundizan Desde una perspectiva de género, al primer trimestre de 2025 el 37,8% de las asalariadas no posee descuentos jubilatorios, frente al 35,1% de los varones. Las brechas territoriales profundizan estas diferencias: en Patagonia, el 23,6% de las mujeres asalariadas no tiene aportes (vs. 15,3% de los varones); en el NOA, 47,9% (vs. 41,0%); y en el NEA, 39,3% (vs. 35,1%), según Ecofeminita (Informes Ecofemidata, 2025). Estas disparidades se explican por la baja participación femenina en los sectores más dinámicos y por la alta concentración de mujeres en ramas como casas particulares, educación y salud, donde se observan mayores niveles de informalidad o negociaciones paritarias menos favorables. Desigualdad salarial Según el Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE), a junio de 2025 la diferencia entre la remuneración promedio de los trabajadores registrados del sector privado en la rama Productos del petróleo y el promedio de las ramas Enseñanza y Servicios sociales y de salud asciende a 421%. La heterogeneidad también se evidencia en la comparación interprovincial. La brecha de ingresos totales entre mujeres y varones alcanzó 29,1% en el primer trimestre de 2025 —incluyendo ingresos laborales y no laborales—, ampliándose desde el 27,5% registrado a fines de 2023. El mapa laboral hacia mediados de 2025 evidencia un entramado productivo fragmentado, una expansión persistente del trabajo independiente y amplias zonas grises de informalidad que comprometen ingresos, protección social y posibilidades de recuperación equitativa. Sin una estrategia que combine inversión, diversificación productiva e inclusión laboral —especialmente para las mujeres—, la heterogeneidad del empleo seguirá profundizándose. En un contexto en el que resurge el debate sobre una reforma laboral, resulta ineludible partir de un diagnóstico claro del mapa del empleo: quiénes ganan, quiénes pierden y qué trabajos se están creando o destruyendo. Sin esa comprensión, cualquier cambio en las reglas laborales corre el riesgo de consolidar desigualdades en lugar de reducirlas.
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